Archivo mensual: septiembre 2014

Obsesionada con… el lino

Últimamente vivo obsesionada con el lino, sobre todo, con el antiguo. Me gusta porque es un tejido noble que muestra abiertamente sus imperfecciones convirtiéndolas en virtud. Son precisamente sus pequeñas taras las que lo hacen único e irrepetible. Me gusta en decoración textil, pero también en prendas de vestir y complementos:

Decoración textil con lino1. Cojines de lino antiguo de El taller de Chloé. Mi primer flechazo con el lino antiguo se produjo en Deko Extreme, la pop up de piezas vintage que organizaron en Bilbao Etxekodeco, El taller de Chloé y El viejo almacén. Itzi, su propietaria, adquiere rollos y sacos de lino antiguo procedentes del norte de Europa y los utiliza para confeccionar cojines, almohadas XXL (a partir de un saco entero) o bien para tapizar butacas, sillas, bancos… En ocasiones se pueden ver detalles como cuerdas, asideros o iniciales bordadas, lo que da idea de la historia que tienen detrás.

2. Bolso de saco antiguo de The Flea. Estos bolsos están hechos de sacos que desde finales del s. XIX hasta los años 30-40 del s.XX se utilizaban para almacenar grano en el norte de Europa. Para la confección de estos bolsos se emplean los de textura más suave. De un saco salen 2 bolsos, por lo que sólo hay 2 de cada modelo. Me encanta saber que el mío comparte historia con el de la propietaria de esta maravillosa tienda.

3. Cojín de lino antiguo de Etxecodeco Shop. Conoceréis a Fran por ser el autor del blog de decoración e interiorismo Etxekodeco y por ser uno de los impulsores de Singulares Magazine. Tiene también una tienda online en la que selecciona personalmente piezas de estilo industrial y vintage.

4. Rollos de lino antiguo. Se vende por metros para confeccionar cojines, caminos de mesa, manteles… o para tapizar muebles. Los podéis encontrar en The Flea y en El taller de Chloé.

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Una historia inspiradora: Olivia Soaps

Olivia Soaps Tienda Segovia

Foto: Jimena Roquero para Olivia Soaps

Querida Paula:

Hace algún tiempo que sé de ti y de tu maravillosa aventura. Un día una reconocida bloguera (no sé si fue Angi, Indara, Macarena o Lucía, o todas a la vez) habló de ti en su bitácora y de repente, como  por arte de birlibirloque, toda la blogosfera se inundó de referencias a tus tiendas (la online primero y la de Segovia después) y ninguna blogger o aspirante a serlo dejaba pasar la oportunidad de hacer una foto a alguna de tus velas o jabones y subirla a las redes sociales. Como si el mero hecho de poseer, fotografiar y compartir tus productos les confiriera un status especial. Confieso que por aquel entonces todo aquello me sonó a estrategia de publicidad (muy bien planificada y ejecutada, por cierto, ojalá hubiera sido yo la artífice), pero no vi el interés o el beneficio intrínseco de comprar un jabón o una vela a un precio superior al de mercado(na) por muy bien que oliera o por muy bonito que fuera el packaging.

Posteriormente conocí la historia que había detrás del negocio que habías emprendido y comprendí que no sólo había mucha verdad e ilusión en el proyecto, sino también mucho conocimiento y muchas horas de estudio y trabajo. Y ahí sí que captaste mi atención. Me gustan las marcas que cuentan historias, pero siempre apoyadas en productos que buscan la excelencia y no ser flor de un día.

Un día entré en Los caprichos de Camille, una de las tiendas más bonitas de Bilbao, y ahí estaban tus velas, dándome la mejor de las bienvenidas.  Love is in the air, Verano en Saint Tropez, Postal de La Habana… asaltaron mi pituitaria con unos aromas tan evocadores. Y yo, que no soy compradora de velas salvo en caso de apagón, estuve un buen rato debatiéndome entre unas y otras: me llevo la de hierbabuena y limón, no, no, no, mejor la de lavanda con verbena, ay, pero es que vainilla y pomelo es una combinación tan rica… venga, va, hierbabuena y limón. Al final me fui tan contenta con Postal de La Habana.

Vela Postal de La Habana Olivia Soaps

Después llegaron nuestros embarazos (el primero para ti y el segundo para mí) y comenzamos a intercambiar mensajes aislados por Instagram. Compartir embarazo contigo, con Mar y María de Sonambulistas, con Raquel de Dorothy’s Red Shoes, con Mónica de El taller de las cosas bonitas, con Victoria de Environment Dreamers y con Lucía Be, puede sonar un poco freak, pero ha sido una de las mejores experiencias de 2014. Ver llegar a vuestros niños me hacía tanta ilusión como dar la bienvenida al hijo de una amiga.

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Mermelada casera de ciruela. Receta con thermomix

Ciruelas claudias para mermelada

No sé qué me está pasando. No sé si de verdad he adoptado la corriente slow o si se ha apoderado de mí el espíritu de Martha Stewart, pero lo cierto es que una de las cosas que he hecho este verano y más satisfacción me ha dado ha sido recolectar nuestras propias ciruelas para hacer mermelada.

Este árbol nuestro tampoco está muy centrado. Hay años que da fruto, hay años que no da ni uno. Y este año contra todo pronóstico, pues el año pasado tuvimos que talar gran parte para frenar una enfermedad, se ha cargado de riquísimas y dulcísimas ciruelas claudias. Todas las mañanas mi hija y yo teníamos que dedicar un rato a recoger las más maduras para evitar que cayeran al suelo y el jardín se llenara de pájaros y otros visitantes menos deseables.

La cocina se iba llenando de cestos de ciruelas que no nos daba tiempo a consumir, así que eché mano del recetario de la thermomix (bendito robotito que se viene conmigo hasta en vacaciones) y me puse manos a la obra para hacer conserva de mermelada. Salieron botes y botes que fueron a parar a las casas de vecinos, amigos y familiares. Nunca había hecho mermelada casera, pero después de comprobar lo fácil que es y lo rica que sale, no vuelvo a comprarla elaborada. ¿Queréis ver la receta?

Receta mermelada casera con thermomix

Ingredientes:

- 600 gr. de ciruelas maduras; 30 gr. de zumo de limón y 500 gr. de azúcar.

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Cómo hacer una nube

Como hacer una nubeLos que este verano me habéis seguido en Facebook e Instagram, habéis visto que hemos fabricado una nube y la hemos sacado a pasear. Hemos posado con ella en viñedos y campos de trigo y girasoles y las fotos han pasado a engrosar ese “patrimonio familiar” del que tan orgullosos estamos.

La idea de hacer una nube me vino buscando ideas para redecorar la habitación de los niños, ahora que tienen que compartirla. Navegando por Internet, encontré unas nubes que Serena Thompson, autora del blog The Farm Chicks y editora de la revista Country Living, había hecho ella misma para una exposición de antigüedades. No me pareció muy difícil y además las fotos de sus hijos posando con ellas antes de colgarlas en el recinto me parecieron geniales. La única pega que encontré a este DIY es que requería un espacio lo suficientemente amplio y aireado (descartado mi piso), así que lo pospuse a verano para poder  llevarlo a cabo en el jardín.

Una vez hecha, metimos a los niños y a la nube en el coche y nos fuimos a buscar localizaciones para las fotos. El resultado, muchos ya lo conocéis.

DIY nubes para fotografia

Sesion fotografica con nube

Sesion de fotos con nube DIY

Fotografia de niños con nubes DIY

Sesion de fotos en campo de girasoles

Sesion de fotos en un viñedo

Nube para sesiones de fotos

Para hacer una nube para vuestras sesiones de fotos o para decorar  habitaciones infantiles, necesitaréis algo de paciencia y los siguientes materiales:

- Globos (no importa el color)

- Cinta adhesiva (tampoco importa el color)

- Papel de periódico

- Harina

- Agua

- Fibra de poliester (relleno para cojines, que podréis encontrar en tapicerías)

- Spray adhesivo

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Mi verano slow

Mi verano slowYa estamos de vuelta. Al síndrome post-vacacional habitual, este año tengo que sumar el síndrome post-baja maternal. Tras 16 semanas de baja y 15 días de vacaciones pegada a mi nuevo polluelo, toca separarse y aprender a ser más independientes. Él y yo. Retomo mi trabajo como diseñadora, las reuniones con los clientes, las conversaciones de adultos, los cafés con periódico antes de empezar la jornada… y, como muchos me habéis transmitido estos días, no está tan mal. Recupero parte de mi vida personal y profesional y eso siempre es positivo. Sólo tengo que olvidar la carita de pena que ayer ponía mi hija mientras me veía arreglarme (creo que verme usar pintalabios después de 5 meses le dio una pista de lo que se avecinaba) y recordar el abrazo eterno que me dio unas horas después cuando volví a casa.

También ayuda recordar el verano tan estupendo que hemos pasado. Sorprendentemente he llevado a cabo muchos de los planes que me había propuesto y de los que os hablé en este post.

Hemos hecho muuuuchas fotos que pasarán a engrosar el patrimonio familiar; hemos construido una nube y la hemos sacado a pasear (sé que muchos estáis esperando el tutorial; este mismo mes publicaré el paso a paso); nos hemos reunido con la familia, hemos hecho barbacoas, limonadas y hasta daiquiris de sandía (gracias, Vega, por demostrarnos que el glamour y la panceta no están reñidos); hemos recogido ciruelas del árbol y hemos hecho mermelada (no es por nada, pero quedó espectacular; pronto os daré la receta); me he bañado con mi hija los días que el tiempo lo ha permitido y he disfrutado un montón viendo sus avances en el agua; hemos paseado entre viñedos y campos de trigo y girasoles; he visto muchos amaneceres y he disfrutado de desayunos en silencio antes de que se levantara la tropa… en definitiva, un verano muy slow, como lo han bautizado en El Hervidero de Ideas.

Si queréis ver todas las fotos de nuestro verano, visitad mi perfil de Instagram.

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