Este verano nos vamos a aburrir

Get bored! Abúrrete!

¿Te acuerdas de los veranos de tu infancia, aquellos que parecían eternos y no sabías ni en qué día vivías? ¿Y te acuerdas de cuando ya habías nadado todo, patinado todo, saltado todo, corrido todo y trepado todo se te ocurría decirles a tus padres “Me aburro”?

Lo más normal es que te contestaran “pues cómprate un burro” y volvieran a lo que estaban haciendo. Lejos de frustrarte o de pensar que tus padres no te querían lo suficiente porque no procuraban tu entretenimiento, dabas media vuelta y buscabas con qué ocuparte, solo o en compañía de otros.

Así es como recuerdo haber fabricado y envasado un perfume con alcohol y pétalos de rosa que olía exquisito, pero se oxidaba a la media hora (aunque eso no nos importaba, porque para cuando eso ocurría ya se lo habíamos vendido a los vecinos); redactado, dibujado y repartido un periódico completo con sus secciones de sucesos, sociedad, programación de televisión y pasatiempos; escrito los guiones de varios capítulos de la versión riojana de Falcon Crest que luego dramatizábamos y grabábamos en una cinta de casette o inventado conflictos entre los amigos para después escenificar el juicio turnándonos para ser el juez, la acusación y la defensa.

Y es que, como bien dice Nuria Pérez, el aburrimiento fomenta la creatividad.

Aquellos niños que fuimos buscaban la manera de entretenerse y, mientras ideaban aventuras y jugaban, encontraban su talento. Hoy en día algunos de esos niños son periodistas, diseñadores o abogados. Otros incluso seguimos jugando y buscando talentos aún por descubrir.

Y si tú y yo sabemos esto, ¿por qué ahora que somos padres nos empeñamos en ocupar cada segundo de la vida de nuestros hijos con actividades académicas o lúdicas llenándolas de estrés y, lo que es peor, mermando su autonomía y anulando su capacidad para tomar decisiones, resolver problemas o encontrar su propio talento?

¡Abúrrete!

Había oído hablar de los padres helicóptero, apisonadora y guardaespaldas, que acompañan a sus hijos a hacer la solicitud de ingreso en la universidad o incluso a las entrevistas de trabajo.

Casi al mismo tiempo que conocía la existencia de estas tipologías de progenitores, leía el maravilloso artículo de Noelia López-Cheda Me niego a ser la agenda de mi hija por Whatsapp, que aplaudí de principio a fin.

Pero mi asombro alcanzó cotas de vértigo cuando el otro día, leyendo el número de agosto de Vanity Fair, me enteré de que hay un nuevo modelo en el horizonte: las helicopter moms. Y no es una metáfora, ya que utilizan este modo de transporte para desplazarse de la ciudad a los Hamptons para asistir a las playdates (citas para jugar) de sus hijos. A priori, parece inofensivo, sólo asombroso por lo del helicóptero. ¿Quién no ha ido a casa de los amigos de sus padres a jugar una tarde con sus hijos, esos seres a los que estabas obligado a “tolerar”?

Pero no, no estaba leyendo bien el artículo. Esas citas se celebran para que los niños que han sido admitidos en escuelas de élite conozcan a sus futuros compañeritos y sus familias antes de que empiece el curso escolar. Y lo de jugar es un decir, porque algunos incluso han tenido playdate tutors, tutores que les han instruido en cómo tienen que jugar y comportarse cuando son observados (y evaluados) por los directores de esos centros de élite.

¿Perdón? Excuse me? I beg your pardon?

Yo leo esto y se me ponen los pelos de punta. Si han llegado (y se han quedado) los cupcakes, los cronuts, las baby shower y las smash cake parties y el café de Starbucks triunfa en España, ya me veo contratando a un maestro de ajedrez de la antigua URSS para que dé clases a mi hija de 3 años y alquilando un helicóptero o un globo aerostático para llevarla a Arrankudiaga a que juegue una partida con su futuro compañero de pupitre antes de que empiecen las clases.

¿Podemos relajarnos un rato? ¿Podemos dejar de vivir la vida de nuestros hijos y permitirles ser niños el poco tiempo que dura su infancia?

Este verano voy a hacer mía una de las frases favoritas de mi marido: “El plan es que no hay plan”.

Vamos a disfrutar de nuestro tiempo juntos y por separado, vamos incluso a perderlo. Vamos a permitir que el aburrimiento nos invada y nos obligue a niños y a adultos  a sentarnos a observar el mundo que nos rodea. Sólo entonces igual aprendemos algo.

Y tú, ¿qué planes tienes para este verano?

 

P.D. Hay dos iniciativas muy bonitas en las que ya he empezado a participar en Instagram.

La primera la ha puesto en marcha Nuria Pérez de Sparks&Rockets animándonos a permitir a nuestros hijos hacer las cosas que nos dejaban hacer nuestros padres cuando éramos pequeños y regalarles así un verano de autonomía y libertad. Cada viernes lanza retos como trepar a los árboles, ir a comprar algo solos, bañarse hasta arrugarse… Los podéis seguir en el hashtag #retrosummer2015.

La segunda la promociona El hervidero de ideas. Si vives un verano sin ruido ni prisas y sin alterar el entorno que te rodea, compártelo con el hashtag #miveranoslow. Yo ya participé en la primera edición y he empezado a participar en la segunda. Gema Espinosa nos da algunas claves para la de este año.

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  1. Soy fan de los veranos interminables, los días en los que el plan es que no hay plan, perderme por el campo, bañarme hasta que se me arruguen los dedos, comer chocolate en pan tostado, quemar nubes, reír hasta que tenga agujetas, hacer cosquillas y hablar de cosas que me gustaría hacer si viviera en un mundo de fantasía (como volar), soñar que vuelo y aplaudirte cada vez más fuerte por los temas que tratas en el blog.

  2. A Revolta dijo:

    ¡Hola, Elena!

    Suscribo todo lo que nos cuentas de pé a pá. Suscribo hasta los puntos y las comas. Estoy pasando por un proceso emocional que también tiene algo de todo esto. Y como mi lugar habitual de expresión solía ser mi blog, pues en plan pataleta, he llegado a la conclusión de que no escribir es mi mejor forma de expresar ¡que tengo una “jartá” de muchas cosas! Entre otras, de cupcakes, cronuts, super-mega-bundts, cheesecakes, babyshowers, mundo craft, mundo pinterest, brunchs etc, etc, etc, etc… Siempre preocupada por si mi hijo se sale de la norma, por si se queda “out of” porque no realiza las mismas actividades que los demás, por si se aburre conmigo que ya soy medio “purrili” y el día de mañana recuerda los inicios de su adolescencia con cierto asquío… ¡Me niego a autoculpabilizarme más por absurdeces! ¡Me niego a imponerme un estilo de vida que no se adecúa a mis circunstancias! ¡He dicho! ;)

    De momento, me he propuesto pasar un verano en la misma línea que tú… Y además he conseguido que mi polluelo haya cumplido los 13 sin móvil y por ende, ni whatsapp, ni demás historias que no hacen más que “lobotomizar” los cerebros de nuestros hijos (aunque a decir verdad, no sin sentir cierto desasosiego, estoy fatal!) Jajajaj

    Así que, desde aquí, te doy mi más sincera enhorabuena por el post y la filosofía de vida que encierra y te deseo un muy feliz verano lleno de lo mejor, incluso de aburrimiento, que de todo -hasta de lo malo- en pequeñas dosis, se aprende.

    ¡Besiños grandes para ti y los tuyos!

    Yoly

  3. Dolors dijo:

    Cuantas verdades y que bien contadas. Me he sentido identificada con muchas de las cosas que dices y con el comentario de Yoly, en especial el primer párrafo -mis hijos aún son pequeños, pero no puedo evitar pensar en cómo nos irá con la adolescencia-. Bravo a las dos! Y que rabia daba cuando te decían lo del burro!!!!

    • Dolors dijo:

      Perdón, que me quedé a medias: que miedito dan las helicopter mums y los playdate tutors! Me debato entre el miedo y partirme de la risa. Lo mismo que cuando ayer leía sobre los papás y mamás que llaman a los profesores universitarios. Surrealista! Apoyo la opinión de que no deberían darse títulos universitarios a esos hijos. Y menos si dicen “asín” y “al igual” (con ese nuevo uso que se han inventado y que chirría hasta el infinito y más allá) o escriben con faltas de ortografía. Perdón por irme del tema.
      Un beso Elena!

      • Manuela dijo:

        me parto de la risa con el “asin” porque en casa es un tema que nos causa entre asombro y risa, y que no nos gusta nada eso del “ASIM”

  4. Aroa dijo:

    Me ha encantado el post. Estoy de acuerdo en todo. No entiendo un verano lleno de actividades. Yo lo pasaba mitad en el pueblo con mis abuelos y mitad de viaje con mis aitas y mi hermano y siempre nos ocupábamos buscando aventuras e inventándonos juegos. Quiero lo mismo para mi peque, así eramos felices.
    Por un vernao slow y no perder el norte.
    Un abrazo enorme!

  5. Manuela dijo:

    Tengo un plan que es no tener planes. No porque me lo haya propuesto o porque siempre esté maquinándo sobre mi futuro y olvidándome de vivir mi presente, NO. Ese plan forma parte de mi desde hace mucho tiempo. Siempre he defendido el aburrimiento com una forma muy educativa para mi hijo. Jamás he llenado sus tardes y sus veranos con cosas QUE YO pensaba para el (más bien el ha ido trazando la línea de lo que más le gusta hacer). Es fundamental dejar la mente en blanco, para ellos tambien. Para obligatoria ya está la educación reglada.
    Y sí!, Elena, totalmente de acuerdo en nuestra generación hay grandes talentos y personas muy válidas, que compramos muchos burros ;)
    Besos

  6. paola Uscher dijo:

    Totalmente de acuerdo, y a propósito de este tema, acababa de escribir una entrada en el blog:

    http://hobbyloo.com/blog/quiero-que-se-aburran/

    donde hablamos justo de eso… de la maravilla de aburrirse y verse en la obligación de ser creativos y dejarse maravillar con las cosas más simples y cotidianas…
    Ojalá lo leyeras… después de “aburrirte” en tus vacaciones claro :)

  (no será publicado)