¿Por qué nos complicamos tanto con los regalos a los profesores?

Regalos sencillos para profesores

La escena se repite todos los años por estas fechas en las casas con niños pequeños.

En tu móvil aparece un nuevo grupo de whatsapp de padres y madres del colegio llamado “Graduación Educación Infantil” y comienza uno de los debates más acalorados del año, que ríete tú de los moderados por Manuel Campo Vidal.

Resulta que de unos años a esta parte a los niños que pasan de Educación Infantil a Educación Primaria se les organiza una ceremonia de graduación con toda la parafernalia incluida (orla, toga, birrete y Gaudeamus) seguida de una merienda/fiesta con familiares y profesores.

Me encanta que mis hijos se sientan valorados y celebrados, pero creo que hemos llegado a un punto en que confundimos la motivación con la complacencia y con ello no les estamos haciendo ningún favor.

A mí no me parece que mi hija fuera consciente de estar haciendo un gran esfuerzo por pasar de curso, más allá de lo que se le pide a una niña de su edad y capacidades: madrugar por las mañanas, prestar atención en clase, participar en las actividades propuestas y hacer sus fichas a tiempo. Así que si ella no le da tanta importancia, ¿por qué habría de dársela yo?  Ya vendrán los años en que tenga que esforzarse y ser consciente de su esfuerzo, sacrificar horas de juego, hincar los codos, someterse a exámenes y frustrarse si los resultados no le acompañan o no alcanza los objetivos mínimos.

Todos queremos mucho a nuestros hijos y nuestra tendencia natural es querer evitarles sufrimientos y allanarles el camino, pero se nos olvida que nuestra labor como padres es prepararles para la vida, ésa que no está llena de fiestas de graduación a cada paso.

Nuestros hijos deberían saber que nuestros jefes o jefas no salen de su despacho para aplaudirnos cada mañana cuando llegamos puntuales al trabajo o que nuestro equipo de fútbol sólo saca la gabarra cuando gana competiciones.

Me gusta la idea de que los niños que cambian de ciclo tengan una fiesta de despedida con los compañeros y profesores con los que han convivido durante 3 años. Soy madrastrona, pero no tanto: sé la importancia que tienen para ellos. Y además no seré yo quien diga no a una buena fiesta.

Pero, ¿y si le cambiamos el título, la simbología y la puesta en escena para que, llegado el momento de la verdadera ceremonia de graduación, la valoren y disfruten en toda su extensión y el reconocimiento ímplicito sea real, no un mero fuego de artificio?

En realidad, el debate del que quería hablar cuando he empezado el post no era éste, pero mira, me ha servido para dar una opinión que nunca me había atrevido a expresar en público. ¡Maldito Sanedrín virtual que nos tiene acogotados a la hora de emitir juicios en cuestiones de educación y/o maternidad! ¡Ea, qué alivio!

En realidad el verdadero debate empieza con el regalo que se le va a hacer al profesor a final de curso.

Me parece encomiable la labor de los profesores. A lo largo de mi vida he tenido profesores (profesoras en mi caso) maravillosas que me han hecho sentir y amar la literatura, que me han enseñado valores, que me han inspirado en la vida y que me han ayudado implicándose en situaciones personales como lo hubieran hecho con una hija.

A algunas he tenido la oportunidad de agradecérselo de mayor y rendirles mi pequeño homenaje delante de mi marido y mis hijos. Y he visto la emoción en sus ojos.

Porque creo que el mejor regalo a un profesor está en el reconocimiento y que unas palabras dichas con todo el sentimiento o un detalle hecho por los niños en el que se ha empleado tiempo y cariño dice mucho más que un reloj, un bono para el spa o una tarjeta regalo de El Corte Inglés. (Me complace que ésta sea también la opinión de muchos profesores).

Pero, claro, esta opinión no es compartida por todos los padres o, mejor dicho, es compartida a medias.

Porque sí, está muy bien eso del cariño, pero si queremos que se nos recuerde (a nosotros, los padres, claro, no a los angelitos que han acabado con su paciencia. ¡Como para olvidarlos!) tenemos que poner toda la carne en el asador. Y eso pasa por poner un fondo común de 5, 10 o hasta 12 euros por familia.

La bronca está servida. El grupo de whatsapp empieza a echar humo, se acumulan 300 mensajes cada hora y las tensiones latentes durante todo el curso entre algunos de sus miembros estallan. ¡Toma fin de fiesta!

Que digo yo: si nuestros hijos se enteraran de la que líamos en su nombre, igual los avergonzábamos, ¿no?

En la mayoría de los casos se llega a una decisión salomónica: un detalle hecho por los niños con mucho amor y un cojorregalo que demuestre el poderío de los padres.

Portada album profesor

 

En nuestro caso, el regalo hecho por los niños fue un álbum de dibujos dedicados. Como yo era más partidaria de hacer un regalo desde el corazón, me ofrecí gustosa a hacer la portada y la contraportada, para las que utilicé materiales propios de los niños de su edad: plastilina, pinturas y cinta adhesiva estampada.

En la portada utilicé plastilina y unos moldes con forma de letras de mis hijos para modelar un gran “Eskerrik asko” (“Muchas gracias” en euskera) y churritos de plastilina para escribir el nombre de la profesora simulando una letra de mano. Finalmente dispuse unos lápices de colores como la profesora les había enseñado a dejar cuando finalizaban una tarea: todos mirando al frente.

Para la contraportada modelé un corazón con un cortapastas y pegué con washitape una foto de la profe con todos los niños. Después añadí digitalmente los nombres de todos.

Ya ves, en la era digital todo hecho de manera muy analógica. Tan analógica que cuando el resto de padres me advirtieron de un error ortográfico que había cometido casi me da un pasmo (prueba de agudeza visual: detecta el error entre la primera y la segunda foto de este post).

 

 

Contraportada album profesor

¿Estás tú también en plena preparación de la ceremonia de graduación y el frenesí de fin de curso? ¿Qué opinas de todo esto?

Otro día, si consigo que no me expulsen de todos los grupos de whatsapp del colegio, hablaremos de las fiestas de cumpleaños. ¡Ay, madre!

 

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