Si volviera a casarme…

Si volviera a casarme

La semana que viene se cumplirán 9 años de nuestra boda. Lo recuerdo como uno de los días más felices de mi vida, desde que me desperté hasta que me acosté. Sin embargo, el mundo de las bodas ha cambiado tanto desde entonces, que si volviera a casarme probablemente cambiaría muchas cosas.

El vestido. Me casé con un vestido maravilloso de Maria Lluisa Rabell. Si me lo volviera a poner, estoy segura de que no habría perdido un ápice de su encanto. Fue un diseño muy especial que a mí me hizo sentir especial. Pero puestos a cambiar, me inclinaría por una línea sencilla de Otaduy, concretamente de su colección True romance.

Vestido de novia Otaduy

El peinado. Llevé el pelo recogido en un moño. No me planteaba ninguna otra opción. Sin embargo, hoy me decantaría por un semi recogido sujeto con un aplique de golondrinas de Lucía Be o por llevarlo suelto y aderezado con un tocado de crisantemo en nude y velo de plumetti, también de Lucía Be.

Tocados de novia de Lucia Be

El ramo y los arreglos florales. Yo opté por dos clásicos, rosas para el ramo y lilium para los arreglos de la iglesia y los centros de mesa. No pasan de moda, pero hoy en día arriesgaría un poquito más y me dejaría llevar por el saber hacer y la creatividad de Búcaro o Sally Hambleton.

Ramos de novia de Sally Hambleton y Búcaro Centro de mesa Sally Hambleton Fotos de Vogue Novias y Sally Hambleton

Las invitaciones. Sin duda serían manuscritas y hechas a mano y se las encargaría a Begoña Viñuela de Caligrafía Bilbao, que hace unos trabajos caligráficos preciosos, además de impartir unos talleres interesantísimos. Y ya puestos, le encargaría también la confección de los menús y los meseros.

 Invitaciones de boda manuscritas

El emplazamiento. Aunque soy bilbaína, me casé en Haro (La Rioja) por los vínculos familiares y emocionales que mantenemos con la ciudad. El banquete lo celebramos en el claustro del Hotel Los Agustinos, que data del s.XIV, pero al cabo de un año lo modernizaron y, sinceramente, con la reforma perdió gran parte de su encanto. Así que si me volviera a casar, tendría que buscar un nuevo emplazamiento. Me encantaría poder celebrar la boda en un viñedo. ¿Qué hay más riojano que eso? Me imagino largas mesas de madera decoradas de manera rústica y barricas de vino de Barricas Sabor a Rioja situadas estratégicamente como mesas auxiliares o mesas dulces.

Boda en un viñedo Fotos de Barricas Sabor a Rioja y Drink Hacker

La fotografía. Nuestro reportaje de boda lo realizó un fotógrafo amigo de toda la vida de nuestras familias. Él y sus hijas nos trataron con muchísimo cariño y nos hicieron sentir super a gusto. Cada poco tiempo reviso los álbumes y me siguen encantando. Pero quizá hoy les pediría que se alejaran un poco de la fotografía tradicional de boda y trataran de captar más momentos y detalles.

Fotografia de boda El marco rojo Foto: El marco rojo

Fotografia de boda Roberto y MaríaFoto: Roberto y María

Fotografia de bodas We Do WeddingsFoto: We do weddings via Funky camelias

La fiesta. La mejor fiesta de boda en la que he estado jamás fue la de mis cuñados en Cancún y en gran parte se debe a que tuvieron la gran idea de alquilar un photobooth durante la fiesta. Los invitados podíamos acercarnos a la cabina, disfrazarnos con todo tipo de props y sacarnos cuantas fotos quisiéramos. Para una amante de los disfraces como yo eso es poco menos que el paraíso. Los invitados reciben al momento su copia en papel y los novios la totalidad de las fotos en soporte digital. Imaginaos las risas de unos y otros al ver las fotos pasado el calor del momento. Así que si volviera a casarme sin duda alquilaría o montaría un photobooth para los invitados.

Photobooth bodasFoto: The love hunters

Hasta aquí algunas de las cosas que cambiaría. Pero hay muchas otras que no cambiaría por nada del mundo:

El novio. Volvería a casarme una y otra vez, pero siempre contigo, lo mejor que me ha pasado en la vida.

Los invitados. Desgraciadamente ha habido algunas bajas, pero por fortuna también nos hemos ido encontrando a gente estupenda en el camino. ¡Y han llegado 2 seres maravillosos a nuestras vidas!

Mis zapatos. No tenía nada claro cómo quería mis zapatos de novia, pero cuando vi los que finalmente llevé fue amor a primera vista. Además, resultaron comodísimos y en ningún momento tuve que cambiármelos. De vez en cuando los saco de su caja y los miro, porque me parecen un objeto bellísimo. Así que sin lugar a dudas volvería a ponérmelos.

Mis zapatos de novia

El vino. Bebimos un maravilloso Viña Tondonia Reserva del 94 de las Bodegas López de Heredia. No lo cambiaría por ningún otro vino. ¡Gracias, Monte y Julio, por el regalazo que nos hicisteis!

La música. Elegimos la música canción a canción, pensando en la gente que iba a asistir a nuestra boda y en los momentos musicales que habíamos compartido con ellos. Al fin y al cabo, nuestras vidas se pueden contar a través de canciones, ¿no? Así que salió un batiburrillo de los más entrañable: el “Sola no” de Fiordaliso (qué le voy a hacer, soy hija de los 80) con la que mi mejor amiga y yo cerrábamos las discotecas en nuestros años mozos, la “Ventanita del amor” que siempre bailamos los primos en Navidad (no puse “No hay nada mejor que la familia unida” de Los payasos de la tele porque ya era pasarse, pero me hubiera encantado), el “Hasta de perfil” de Rosendo para mi cuñado Rodrigo, que siempre se le atragantaba el derecho mercantil, el “Come on Eileen” que mis amigos Erasmus y yo bailábamos como locos en la Unión de Estudiantes de la Universidad de Coventry y, como colofón, el “Me gusta mi novio” de El consorcio que le dediqué a mi marido por sorpresa. Había que ver su cara y las risas de los presentes. Lástima que nadie inmortalizara aquel momento.

El año que viene se cumplirá nuestro 10º aniversario. ¿Nos liamos la manta a la cabeza y organizamos una nueva boda? ¡Tenemos todo un año por delante!

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